Mi vida en juegos

Artículo escrito por Pere

Hace unos días Adrián Suárez (@nuevebits en Twitter) publicó en su canal de YouTube un vídeo en el que hace el interesantísimo ejercicio de repasar los diez videojuegos que le definen como jugador, esto es, aquellos que han modelado sus gustos y que le han convertido en el jugador de videojuegos que es hoy en día.

Como buen YouTuber que es, al finalizar el vídeo Adrián te invita dejar en los comentarios tu propia la lista. El tema es que me puse con la mía, me lié a escribir y al final una cosa llevó a la otra, por lo que casi sin quererlo ni beberlo me he encontrado con un artículo escrito a modo de respuesta al vídeo del amigo Nuevebits.

Pero vamos a ir un poco más allá ¿Qué tal si convertimos esta fantástica idea en una iniciativa entre creadores de contenido? ¿Cómo? Muy sencillo, si tienes un Blog, Podcast, Canal de YouTube, Canal de Twitch… ¡o lo que sea! haz una respuesta enlazando el video de Adrián y este artículo y deja en los comentarios el enlace al tuyo. Si nos unimos podemos crear una cadena de respuestas realmente interesante.

Por supuesto también invito a todos los lectores de esta entrada que se animen a dejar su lista en los comentarios.

Y ya, sin más dilación, aquí tenéis “Mi vida en juegos”, o lo que es lo mismo: los diez juegos que han hecho de mí el jugador de videojuegos que soy a día de hoy:

1· Space Raiders (1982, ZX Spectrum)

Este clon de Space Invaders para Spectrum es, literalmente, el primer videojuego al que jugué. Con apenas cinco años me alucinó lo que era “jugar a un videojuego”. Esos píxeles como puños monocromos que salían en la pantalla abrieron ante mí una puerta a un nuevo universo. Con este juego nació la que para mí es, hoy en día, algo más que una afición; mi pasión.

2· Sid Meier’s Pirates! (1987, Commodore Amiga)

Lo tuve en mi Amiga 500 y este juego me enseñó lo que significaba tener libertad en un videojuego. En Pirates! podías seguir una historia principal intentando seguir el rastro de tu familia desaparecida, pero también podías ignorarla y convertirte en un temible pirata con una esposa en cada puerto, un corsario al servicio de una de las cuatro coronas, o simplemente ser un comerciante y crear una flota comercial con la que hacerte rico. Había combates 1vs1, batallas navales, batallas de estrategia, asaltos a fortalezas, gestión de recursos, politiqueo, seducción, matrimonios de conveniencia, traiciones, piratas y capitanes archienemigos a los que derrotar, exploración, búsqueda de tesoros…

Para mí no había nada que no se pudiera hacer en este juego. Como detalle, en la caja venía un mapa del caribe que recuerdo fotocopiar mil y una veces para tomar anotaciones sobre lo que había en cada puerto, a cuanto se vendía cada mercancía, y marcar la ruta la ruta del tren de la plata y la flota del oro.

3· Streets of Rage 2 (1993, Sega Mega Drive)

Esta obra maestra era el Beat’m Up al que jugaba a dobles con mi primo, antes habíamos jugado a Target Renegade (Spectrum), Double Dragon (Arcade) y a algunos otros juegos más, pero lo nuestro con este juego fue absoluto enamoramiento.

Lo jugábamos en bucle una y otra vez, unas veces cambiando de personajes y otras con nuestro equipo ganador (mi primo con Axel y yo con Max). Realmente nunca lo llegamos a terminar (Shiva era demasiado duro para dos niños como nosotros) pero esas tardes con sesiones de juego maratonianas quedan en el recuerdo para siempre. Con este juego y con Golden Axe (que así cuelo de extraperlo en esta lista) aprendí a disfrutar de mi afición en multijugador y que cualquier juego es mejor jugado en compañía. 

4· The Legend of Zelda: A Link to The Past (1993, Super Nintendo)

Nunca tuve una nes (yo era de master system) así que no jugué a Zelda en su momento. Sin embargo recuerdo ver A Link to The Past en la Hobby Consolas y alucinar con todo lo que Mostraban y decían de él. Me obsesioné tanto que ahorré sin parar para comprarme una SNES con este juego, lo que me llevó todo un año, pero en 1994, por fin A Link to The Past entró en mi vida.

Y lo que me encontré cuando finalmente lo tuve era exactamente lo que esperaba: un mundo de fantasía, un héroe que tenía que salvar a una princesa, objetos mágicos, mazmorras que explorar, enemigos a los que derrotar… Desde el primer día que lo jugué para mi Zelda siempre ha sido sinónimo de aventura y fantasía, y mi referente en lo que quiero que un videojuego me ofrezca.

5· Lylat Wars (1997, Nintendo 64)

Esta serie de acontencimientos suponen la historia que hace que yo esté aquí escribiendo este post, que La Taberna del Androide exista y, en definitiva, que juegue a videojuegos a día de hoy; porque yo deje de jugar a videojuegos durante varios años, unos cuatro o cinco.

Por esas era adolescente y mi interés por los videojuegos se reenfocó en otros temas (lo que vendría a ser: salir, tocar metal y las chicas). Además entré a trabajar como dependiente en Games Workshop en Palma (la tienda de Warhammer) así que me aficioné a las figuritas y los juegos de estrategia y la SNES y mi Megadrive acabaron vendidas o regaladas por mi madre, sinceramente no me acuerdo.

La cuestión es que un día, un compañero de trabajo me pidió que le acompañara a comprarse una consola (la Nintendo 64) al Corte Inglés que estaba cerca de la tienda en la que trabajábamos y cuando llegue ahí vi esa caja enorme, con Fox Mcloud en portada pilotando su AirWing y dije ¡esto es Star Wing 2!. En ese momento, en plan epifanía, me entró un arrebato de emoción (Star Wing era uno de mis juegos favoritos en SNES) y de forma absolutamente impulsiva me compré la consola con este juego.

Recuerdo alucinar con la sensación que provocaba la vibración del Rumble Pak y que por la peculiar forma de agarrar el mando de la Nintendo 64 y al manejarse el juego con el stick en lugar de con la cruceta tuve la increíble sensación de que estaba a los mandos de una nave; no estaba jugando, ¡estaba pilotando!.

Lylat Wars no sólo me hizo recuperar mi pasión por los videojuegos, si no también me enseñó valorar la relación y conexión entre software y hardware, o lo que es lo mismo, la simbiosis que tiene que haber entre un juego y cómo se controla. Es gracias a Lylat Wars que tengo una mente abierta con todos los periféricos y las innovaciones en las formas de control. Por eso disfruto de experimentar y jugar con los con controles por movimiento, dobles pantallas, pantallas táctiles, el 3D, la realidad virtual y todos aquellos intentos de estrechar la relación entre juego y jugador.

6· Goldeneye 007 (1997, Nintendo 64)

Es curioso que la primera vez que probé este juego no me gustó nada; me frustró muchísimo y no lo entendía. Nunca había jugado un shooter así, para mí FPS era equivalente a Doom o, si ponemos como ejemplo un juego de lamisma máquina, a Turok). En Goldeneye el “ir a saco” ¡no funcionaba!. Si además añadimos a la ecuación que estaba acostumbrado a este tipo de controles, pues te puedes imaginar.

Sin embargo, gracia a la insistencia de un amigo lo volví a intentar y el momento en el que Goldeneye me hizo click fue con el rifle de francotirador. Ahí empecé a entender todo lo que ofrecía este juego, esto no iba de ser un súper soldado si no de ser sigiloso, un espía, con tus gadgets, con misiones que cumplir (¡si hasta podías cumplir misiones sin eliminar a nadie!).

Este videojuego fue para mí un antes y un después, y me enseñó que los juegos habían madurado mucho, tanto que habían alcanzado un nivel que hasta ese momento no había percibido. Desde entonces siempre le pido “algo más” a todos los videojuegos a los que juego.

Como curiosidad, nunca jugué al multijugador de Goldeneye (con los amigos nos viciabamos sin parar al Mario Kart) así que para es un juego enteramente para un sólo jugador.

7· Final Fantasy VIII (1999, Playstation)

Con la saga Final Fantasy me sucedió exactamente lo mismo que explica Adrián en su vídeo: descubrí y entré en los JRPG con Final Fantasy VII, pero el juego hizo que me enamorase del género (y diría de la forma de tienen en Japón de entender y crear los videojuegos) fue Final Fantasy VIII.

Realmente me sentí muy identificado con Final Fantasy VIII (porque sí, yo también fuí un adolescente con muchos Feels) y por primera vez sentí que un videojuego me transmitía un mensaje y que Squaresoft me decía que ese juego hecho en Japón estaba hecho pensando en mí y en todos esos chicos y chicas que eran como yo. Con Final Fantasy aprendí que los videojuegos no sólo se juegan, también se sienten.

8· Another Code (2005, Nintendo DS)

No fue mi primer juego de Nintendo DS (esos fueron Super Mario 64 DS y Meteos), pero sí el que más me impactó. Antes te explicaba cómo Lylat Wars me abrió la mente con los sistemas de control, pues Another Code me la hizo volar por los aires.

Esta medio novela visual, medio aventura gráfica está construida alrededor de puzzles pensados para sacar todo el partido posible a todas y cada una de las prestaciones de una consola (la Nintendo DS) que había llegado cargada de innovación: soplar al micro para quitar el polvo en una mesa, reflejar la pantalla de arriba en la de abajo para descifrar un código, empañar de vaho con el micrófono para leer un mensaje en un espejo, cerrar la pantalla para estampar una imagen… estos son sólo unos ejemplos de la lección de creatividad que es este juego.

Con Another Code, en 2005, jugué a un juego que me parecía venido del futuro. Desde entonces pienso que no hay límites en lo que los desarrolladores pueden conseguir, hasta el punto que se pueden superar los límites físicos del videojuego llegando incluso a atravesar la cuarta pared.

9 · Oblivion (2006, Xbox 360)

Hay juegos que son capaces de sorprender, incluso de dejarte con la boca abierta, pero cuando encendí mi 360 y vi lo que ofrecía Oblivion no daba crédito, me parecía casi inconcebible.

Era la primera vez que más que jugar a un juego de fantasía, podía vivir en él. Digamos que fue un 2.0 de lo que sentí con Sid Meier’s Pirates, pero todo mucho más grande y alucinante. Cyrodiil era vasto, masivo, inabarcable y lo que es mejor, lleno de misterios y sorpresas por descubrir. Se sentía vivo y visualmente era simplemente alucinante. Nunca olvidaré cuando entré en una cueva para ver “a ver qué hay” y acabé pasando horas explorando unas ruinas elfas que había en el complejo de cavernas para terminar enfrentándome a un nigromante y sus hordas de no muertos que habían sido los responsables de la caída de esa fortaleza.

En Oblivion cada localización, cada evento, cada pedacito de mapa tiene algo por lo que vale la pena explorar: a veces es un monstruo, a veces un nuevo hechizo o un objeto mágico y otras simplemente una historia o un misterio que está esperando a ser resuelto.

En 2006 Oblivion no era un juego, era una puerta a otro mundo y para mí esa sensación fue, es y siempre será inigualable.

10· NieR: Automata (2017, Playstation 4)

Jugar NieR Automata y, sobretodo, su final E, ha cambiado mi percepción sobre los videojuegos; cómo entiendo yo el hecho de jugar a videojuegos y lo que nos aportan e influyen a nosotros como jugadores en concreto y a la sociedad en general.

Sólo puedo decir que “yo sí lo hice” y desde entonces, entre lagrimas de emoción, tristeza y melancolía, Weight of The World forma parte de la banda sonora de mi vida.

Gracias Yoko Taro por haberme dado lo que sólo puedo definir como una lección de vida. 


Y esto es todo, estos son los diez videojuegos que me han forjado como jugador. Lo cierto es que he tenido que dejar varios fuera de la lista, pero como este ejercicio introspectivo y de autodescubrimiento me ha parecido tan interesante, no descarto en un futuro no muy lejano hacer una segunda parte o directamente ampliar esta entrada.

Gracias por leerme, espero que te haya resultado interesante y anímate a dejar tu lista en los comentarios.

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